En algún lugar de ese país tan rico en historia, donde llegaron los hombres barbados a colonizar, en la tierra esmeralda de Chiapas, habitan los Jaguares.
El mitico emperador de las selvas, el Jaguar, era un animal muy respetado y hasta quiza venerado por los antiguos Mixtecos de esta región. Que por los codices, ahora dista mucho de lo que era antes, una zona tropical con mas vegetación que la que conocemos ahora.
Cuenta la leyenda que el Jaguar que la encontró a ella, era de un andar elegante, en su mirada destilaba el fuego de muchas pasiones encontradas en su camino, cuando llegó su mitad de corazón, la Jaguarcita de nobles sentimientos y con el alma rebosante de un amor que solo sería para su Jaguar, para toda la vida.
Y en ese entonces hace cientos de años, cuando los planetas se alinearon, juraron que en algun momento de la historia del mundo, sus caminos se volverían a encontrar y renacería su historia de amor.
Año 1986. Una chiquilla de 16, sonriente y desorientada por la vida, una vida llena de felicidad en donde era mimada y querida por todos, respirando la sal de ese mar acapulqueño, donde comenzaba a provocar que las miradas de los hombres la siguieran hasta que se perdía de vista, en una tarde cualquiera, conviviendo con su mejor amiga, lo conoció a él, él que destilaba fuego por los ojos, al igual que aquel jaguar, él que a sus 22 años sentía que esa niña era solo eso, una niña para él, la dejó ir.
Fue la segunda vez en la historia de los tiempos que sus vidas coincidían. El tiempo pasó y cada cual hizo su vida, ambos fueron creciendo, con todo lo que ello implica, el tejió su historia personal, una historia cargada de pasiones destructivas con quien eligió para formar una familia, una historia donde las frustraciones se manifestaban de forma violenta y agresiva.
Ella, con su espíritu nómada, pensó que tenía que buscar su propio punto de partida, se alejó del mar dejando a su familia y al primer hombre que la amaba y que la había puesto en un pedestal, el primer hombre que la condujo por los caminos de los amores encendidos y que la quería para toda la vida, pero ella sabía que tenía cosas pendientes que hacer, que había mucho mundo por conocer, y fue la primera vez que ella le dijo adios al amor.
Llegó a la Gran Ciudad y se vio de pronto envuelta en la vorágine de esa nueva vida. Los hombres la asediaban pero ella solo sentía rechazo ante miradas sucias y lascivas que solo buscaban su cuerpo para usarlo como receptáculo de bajos sentimientos y prefirió mantener su distancia.
En ese andar conoció de nueva cuenta algo que semejaba al amor, ella accedió a formar una familia, un hijo, que compaginó con estudios y trabajo que a su vez le permitió ir ganando ciertos privilegios ante una sociedad basada en las relaciones con gente de poder.
También las frustraciones se manifestaron con violencia y ella, hija de una madre amorosa y digna, no estaba dispuesta a permitir semejantes vejaciones. Y se marchó, dejando a ese amor hincado, jurándole no volver a lastimarla. Pero ella no le creyó y con su corazón cada vez más endurecido se fue.
Renació de entre sus cenizas, cayó para arriba y rejuveneció porque volvió a sentir alegría de vivir, tenía un cachorro que alimentar y tenía una vida que llenar todos los días.
El amor volvió, era como si de ella emanara una sustancia muy particular de su naturaleza que atraía invariablemente.
El era un Caballero de Brillante Armadura, gallego de origen, hijo de padres emigrantes de la Madre Patria que buscaron hacer la América, un ser de apariencia noble, distinguido y con un corazón muy bondadoso, ella pensó que era el definitivo, para siempre.
También se reencontró con esa amiga de su juventud, con esa amiga que había emigrado buscando su American Way Life y fue a verla, a compartir la alegría del Año Nuevo 2002.
Y lo volvió a encontrar, ahí estaba él, el Jaguar, con sus ojos color ámbar, con ese fuego acrecentado por el correr de los años, ella se puso nerviosa pero manifestó justo lo contrario, el, según sus propias palabras tiempo después, la vió fría y distante. Perfecta, en su sitio, pero ella tembló cuando su mano la tomó para llevarla a la pista de baile en ese lugar colorido y estruendoso, el, orgulloso como siempre, al notar su aparente indiferencia, distrajo su atención en otras cosas.
A la medianoche del festejo del Año Nuevo, en casa de él, lo volvió a ver, en su hábitat, su matrimonio había concluído después de tanta tortura emocional y ahora al igual que ella, de nueva cuenta eran libres.
Al momento de brindar el sacó un par de copas para él y para ella, una botella de champagne y brindaron, ellos dos, sin tomar en cuenta a los demás invitados a la celebración, el mundo se detuvo una fracción de segundos, brindaron, ¿Porqué? no hubo un motivo, fue solo un impulso de esos corazones que cada que se veían se volvían a reconocer, esos corazones de Jaguares impetuosos.
Pero ella sabía que alguien la estaba esperando en la Gran Ciudad, el Caballero de la Brillante Armadura y trató con sensatez de alejarse de esos ojos color ámbar llenos de fuego, un fuego ardiente que la invitó, que la trató de seducir esa misma noche a lo que ella no accedió, a la que ella, con un desplante, le dijo NO, así de contundente.
Al día siguiente ella regresaba a la Gran Ciudad y el Jaguar la llamó para saber sus planes, ella, seducida por el American Way Life, quiso agotar sus reservas económicas en aquello que tanto fascina a las mujeres: ROPA.

El se ofreció amable a llevarla a todas partes en su auto deportivo y ella, con toda la actitud de una dama, aceptó marcando límites porque no podía evitar sentir su piel vibrar ante la presencia de él. Compraron, se divirtieron, comieron y al final ella se marchó a seguir tejiendo historias en otro plano geográfico.
Leal a su Caballero, con los labios y la piel libre de culpa, pero con el alma a punto de traicionar.
En la Gran Ciudad olvidó lo ocurrido y se dedicó a prodigar amor a su Caballero, de pronto su vida la puso a girar en torno de él, de sus opiniones, de sus gustos tan impecables, para los que ella trabajaba por complacerlo, el no abusaba de ella, la impulsaba, la respetaba, la llenaba de bellos regalos, era de sangre azul, no la criticaba, pero en 3 años que compartieron sus tiempos, ella no entró en el mundo de él.
El la aisló, levantó una barrera sutil que delimitaba con mucha claridad sus fronteras. Ella trató a base de un sinfin de estrategias penetrar en ese mundo lleno de prejuicios, en donde una divorciada (aún no hacía historia Doña Leticia) no podía aspirar a un príncipe azul.
Decía que la adoraba, decía que era la mujer de su vida, que quería estar junto a ella los próximos cincuenta años de su vida, decía tantas cosas que nublaban por instantes la realidad, y ella cada vez más débil se derrotaba.
Pocas noches compartieron, muy pocas para tres años de relación y muchas noches ella esperó, ante la promesa de una cita, de momentos juntos, y quedó dormida hasta que el nuevo día le dijo que él no había llegado, su Caballero iluminaba sus días con lo que le sobraba de tiempo.
Nunca fue presentada ante sus padres y ese silencioso desdén le fue robando las ilusiones para seguir.
Su amiga de la juventud se mantenía en contacto con ella, valiéndose de todos los medios electrónicos posibles, ante la imposibilidad de regresar a la tierra por esos absurdos impedimentos de egoismo geográficamente establecidos, eran las mejores amigas, cuando ella la visitaba, su amiga, con aire inocente, le hablaba del Jaguar, de sus logros como hombre ante la vida, de sus éxitos financieros, de que ya éra un ser pacífico, que reconocía que para la violencia se necesitaban dos, que trataba de convencer de intentarlo, al fin y al cabo eran dos personas adultas, maduras, fogueadas por un matrimonio desavenido, pero ella no cedía, aún mantenía una chispa de ilusión que la hacía ser fiel a su Caballero.
Era el año 2006, cuando una noche de 14 de febrero, su Caballero, una vez más se olvidó de ella, de su compromiso de verla, ella se quedó dormida, con una lágrima resbalando en su mejilla, corriendo su maquillaje, el Caballero por última vez no llegó a la cita.
A la mañana siguiente ella tomó por tercera vez la decisión de soltar un amor, y renunció a él para poner su corazón a salvo.
El Caballero la buscó pero ella se mantuvo firme en su decisión. a la fecha no cesa en su intento de reconquista pero ella lo manda a dormir.
Y un buen día, el Jaguar, desde la distancia, se acercó a ella, y comenzaron las llamadas, primero de minutos, compaginadas con algunos mensajes, un par de veces por semana, luego se fueron haciendo de conversaciones, fueron tejiendo los hilos compartidos de sentimientos, eran mil kilómetros de distancia pero sus corazones vibraban acompañados de canciones que se regalaban, ante falta de palabras para expresar lo que sentían, para por fin poder decirse eso que cientos de años atrás habían vivido ya. Se juraron amor eterno, se juraron respeto, se juraron lealtad, ella le daba gracias al Poder Superior por ese regalo de amor.
Ella fue a ese lugar, el que dentro de algún tiempo sería su hogar, y por fin después de tantas noches, después de tantos suspiros arrancados del alma, sus labios se tocaron, el primer beso, el primer aliento, fue el beso más hermoso que ella recibió en toda su vida, el la vio con admiración, ella era femenina, el era un Jaguar de fuego.
Pasaron, minutos, horas, días, juntos, 4 días estuvieron juntos las 24 horas, plenos, felices, convencidos en su ilusión de formar una familia con pedazos de dos en ruinas. Tus hijos, mi hijo, nuestros hijos.
La última noche cenaron, en ese lugar, ellos, muy guapos, brillaban, su amor inmenso los hacía resplandecer, la gente los volteaba a ver debido. Se alimentaron uno al otro, alimentaron piel, alma, corazón porque ella regresaba a la Gran Ciudad. No durmieron, velaron por su amor.
Cuando la llevó al aeropuerto sus corazones no entristecieron, al contrario, estaban listos para soportar la larga ausencia hasta el siguiente encuentro.
Sin embargo, ya estando ella en la Gran Ciudad, cosas extrañas comenzaron a pasar, el Jaguar la seguía a todas partes aún estando a mil kilómetros, quería saber todo de ella, le juraba su amor eterno, era su princesa, la llenaba de mimos y palabras hermosas, pero celaba con ferocidad sus territorios, de tanto amor el Jaguar no quería que ni la brisa la rozara, ella comenzó a cortar sus lazos con otras personas porque lo amaba tanto que no quería provocar su enojo, no quería fracturar su relación. Fue cediendo su espacio personal.
El Jaguar lanzaba zarpazos y rugidos cuando se sentía lastimado, la castigaba negándose a contestar sus llamadas, ella tenía que ser muy dulce y entender su naturaleza felina, tanto amor la mantenía a su lado. Prodigándo tolerancia, jurándole amor y fidelidad.
Entonces fue el turno del Jaguar de conocer los dominios de ella, quiso ver con sus propios ojos la vida que ella llevaba en la Gran Ciudad, estuvo días con ella, respiraban el mismo aliento, sus corazones latían y se apasionaban, sus cuerpos eran de fuego al amar.
Y en una iglesia antigua, en esos pequeños pueblos que ahora forman la Gran Ciudad, se tomaron de la mano e intercambiaron votos ante la sola presencia de un Poder Superior. No hubo testigos más que los santos y las vírgenes de esa iglesia, no hubo autoridades ni papeles, esos llegarían después, el le pido ser su esposa y simbolizó el compromiso con un bello diamante.

Ella no cabía de tanta dicha, era el momento más feliz de su vida
El Jaguar tuvo que regresar a su lugar de origen y en la despedida sintieron dolor, un dolor mezclado con sus aromas, con sus besos, con sus caricias, ella mirando con dulzura, el mirandola como quien ve a su diosa.
El vivía inquieto, inseguro, temeroso de perderla, ella trataba de transmitirle seguridad, ella reconocía en su Jaguar un alma primitiva, apasionada, con una agresión y magnetismo escondido en él, con tal intensidad de sentimientos puestos en la mujer de su vida, que hacía de la relación algo profundo, mágico y, a veces, trágico.
Se veían con la frecuencia que el dinero permitía, y ella invertía todo lo que poseía, material, espiritual, emocional, el Jaguar compartió a sus hijos con ella, y ellos se rindieron ante el carisma de la Jaguarcita, con el alma pura, la hija de él decretó que la Jaguara no tenía calificación porque ningún número la valuaba.
La Jaguara se sintió satisfecha, había obtenido el reconocimiento y la aprobación de toda la familia de él.
El Jaguar había hablado con la madre de la Jaguarcita, jurando que cuidaría de su hija con su vida si fuera necesario.
Pero el desconfiaba de todo lo que estaba cerca de ella, ella trataba de mantener las cosas en calma entendiendo que los celos del Jaguar eran a causa de tanto amor, de no estar juntos, de esa imperiosa necesidad de ambos de compartir el mismo cielo, el mismo techo, la misma vida entrelazada, porque ella lo amaba, ella lo respetaba, y ella se lo decía, pero el significado de la palabra respeto era diferente para los dos, mientras que para ella respetar era aceptarlo tal y como era, el pretendía sumisión.
Con amor trataba de equilibrar la tendencia agresiva del Jaguar.
El le ofreció un castillo y se lo cumplió, el Jaguar dejó a su Jaguarcita escoger lo que sería su hogar, para toda la vida, firmaron papeles y contratos, sus nombres uno al lado del otro, se besaban en todas las habitaciones de la casa, destilaban miel, amor, dulzura, ilusiones, parecía que el amor iba a salir airoso de entre los celos y la desconfianza. En esos días el Jaguar, con toda su sensualidad, vivió para adorarla, era demasiado amor, demasiado.
Ya estaba todo listo, la Jaguarcita regresaría a su tierra a cerrar las puertas de su vida allá, a doblar en cajitas los recuerdos y las fotos, a renunciar a sus éxitos profesionales, a tomar a su hijo de la mano para llevarlo con ella, y volvería para siempre con el Jaguar en Enero, ella pasaría las fiestas navideñas con su familia, en donde les participaría de su felicidad y de su boda: 14 de abril del 2007
Festejaron el cumpleaños de él, ella volvió a recurrir a sus dotes de dama, organizó una cena maravillosa para 20 invitados, preparó el pastel favorito del Jaguar y fungió como anfitriona haciendo despliegue de toda su elegancia.
Al terminar la fiesta, ellos se quedaron a arreglar la casa, bailaron juntos y a solas, vestidos y desnudos, con toda la pasión que parecía no tener fin. La Jaguarcita estaba cansada físicamente, por su esmero en preparar la fiesta, y emocionalmente, por la tristeza de otra separación, contando anticipadamente los días.
Eran las 3 de la mañana. Y la nube de la desdicha se acercaba sin presentirlo. El tenía alcohol mezclado con su sangre y con su lujuria insaciable, propia de él, de su naturaleza sensual, tenía sed de ella aún. Ella tenía sed de su ternura. El se sintió despreciado, el reaccionó como fiera herida, ofendido ante lo que suponía un rechazo a su virilidad, y al momento que ella cerró los ojos, el firme impacto de las manos de él la lastimó. Le haló el cabello, la llamó "putilla", hirió de muerte a la confianza.
Ella huyó, se vistió y se fue. No quiso saber más. El, tan altivo, tan orgulloso, no la buscó tampoco, no la ha buscado hasta ahora, y quienes la han escuchado le han dicho que fue para bien, que el Poder Superior la salvó de la desdicha, que la alejó del peligro. Pero eso no es consuelo para ella.
Por dignidad no lo buscó, prefirió ponerse a salvo y no exponer a su cachorro. Pero su corazón sigue sangrando, a veces ella le marca solo para escuchar su voz, con eso se consuela, con el museo del amor, fotos, canciones, palabras, un diamante hermoso de compromiso que guarda porque de solo sentirlo en su dedo siente que le quema, le reclama a su Poder Superior, le suplica que le ilumine el alma al Jaguar, que le toque el corazón, que se de cuenta de que la lastimó.
Era demasiado amor.
Ella se ha resignado a amarlo en silencio, a acompañarlo desde la distancia, a amarlo sin tocarlo y sin pretender que pase nada, porque al amor que siente por ese Jaguar de ojos amarillos no entiende sobre dignidad, ni autoestima, ese amor creció creyendo en que el ser amado se acepta tal y como es, un amor que no juzga.
Ella tiene ahora proyectos, planes, vive, vive porque respira, se despierta, porque sale a trabajar, porque también es más fuerte, enfrenta a la vida con valor y alegría, porque su naturaleza es así, porque si ella está bien su cachorro también lo está, pero todas las noches sale a su balcón a ver el cielo que a veces apaga sus estrellas por el aire gris de la Gran Ciudad, y le habla a su Jaguar, le dice que lo ama, le dice que lo espera, le pide al Universo que él no la olvide, porque está segura que esta historia de amor continuará, sino en esta vida, probablemente en otra, y mientras tanto lo esperará con la misma ilusión que esperaba su llamada a las 22:00 horas, todos los días.Era demasiado amor.


6 comentarios:
Tina, qué historia tan bonita, pero sobre todo... qué triste... Espero que tenga final feliz.
Abrazos...
Palito, creo en los milagros como creo en la existencia del sol. Este amor me hizo vivir, y lo llevo conmigo a todos lados. Eso me hace feliz. Tiempo al tiempo
Jo, tina, qué bonita respuesta me has dado.
De verdad!!
Gracias por compartir tu historia Tina.Pero aunque sea demasiado amor hay cosas que no pueden tolerarse y creo que has sido muy muy valiente, y que has hecho lo mejor.
Las cosas que no se concluyen como deben quedan flotando en el alma y ese amor te acompañará siempre porque ahora vive en tu cabeza, en tí.Quédate con lo bueno que es llegar a sentir eso, y en lo estupenda mujer que eres al haber tomado la mejor decisión.
Eres una auténtica campeona.
Nunca hay que arrepentirse de haber amado, Y el amor no tiene lógica, ni reglas.Ni culpables.
El maltrato sí.
Muchos besos wapa.
Gracias wapas por sus comentarios, valga aclarar que sólo a veces, a veces, me llega la nostalgía, la balanza se inclina a la buena onda.
Palito: Tu estás plena en estos momentos, disfrútalo al máximo
Griet: Cuál es tu historia?
Woww Tinis! Por fin tuve tiempo para leer tu CUENTO ...maravilloso como lo has narrado!
Mi cielo, no por nada trabajas en el 'ministerio del ambiente' . El jaguar, por naturaleza, regresa a su habitat. El universo te puso ahi por algo...recuerdalo siempre. Un mensaje muy claro!
Gorda, eso si, asegurate que quieras un jaguar de regreso en tu vida. Solo tu lo sabes y solo tu lo debes evaluar..no estilo dar opiniones sin embargo creo que mereces estar en paz y tranquila...no en semejante angustia eterna.
:-( besos y animo!!!!...y bien por ti, decidas lo que decidas!!!!! Te siento inteligente asi que me quedo tranquila!
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